El cielo sobre nosotros
Carlos Garayar
Alfaguara: Lima, 2007
AMANTES SIBERIANOS
La selva para muchos es un territorio exuberante, colorido, erótico, tropical; no para Carlos Garayar. El cielo sobre nosotros sucede en una selva anterior a los cuadros de Bendayan, al narcotráfico y al terrorismo, a los aeropuertos clandestinos y al turismo sexual. Y a la tecnocumbia. Es una selva donde un policía, un médico y un cura se aburren. A ese mundo monótono, de movimientos que se lentifican por el sopor, de colores tenues como un verde sin estridencia, llega un polaco para internarse en un sanatorio. Tisis. De manera insólita, el desahuciado despierta el amor de una enfermera, que es la encargada de atenderlo en un pabellón para terminales al que llaman La Siberia. ¿La gélida, apátrida, exiliada Siberia en mitad de la selva tropical? De eso se trata. Sin demora la novela encara su argumento a través de dualidades, juegos de espejos como el contraste entre la vida y la muerte; eros y tánatos; civilización y barbarie; amor y pasión; Matilde y la señorita Soria; el instinto de supervivencia y la muerte programada; la laxitud del polaco convaleciente y la inquietud del alférez recién llegado que necesita crímenes que resolver.
Sin embargo, el par más interesante se da entre los dos testigos principales, el pragmático policial y el médico que pretende entender superando su raciocinio (el misticismo del cura, además, convertiría este par en un triángulo). La devoción de la enfermera para con el extranjero conmueve a todos, pero no es asumida por todos del mismo modo. Ella, al igual que el polaco Siélac, es una excluida de la vida, una apátrida íntima, y ya que no puede dedicarle a su alma gemela el resto de su vida, ni un hijo, decide condenarse con él. Así es este amor sin fisuras pero sin expectativas, que brota espontáneamente, abriéndose paso entre esa selva oclusiva y la vida sin sobresaltos de la enfermera solterona más anodina del hospital. Pero ¿puede realmente el amor ser una salvación o una cura? Esa es la pregunta que deben resolver los amantes siberianos. Y también la policía.
El crítico y profesor universitario Carlos Garayar ya había comprobado estar facultado para la ficción en un libro de relatos injustamente relegado: Una noche un sueño (Peisa), que también transcurre en la selva. Es cierto que existen dos pecas en la novela (el amor que nace entre la enfermera y el tísico brota sin mayor explicación ni tránsito, simplemente se da por sentado de que se vieron y se amaron de inmediato como si fueran alegorías y no personajes; y cuando leemos los diarios del médico no existe diferencia entre un lenguaje correctísimo y el narrador omnisciente) pero ninguna de ellas es demasiado grave como para entorpecer la intensidad de la metáfora que ha creado Garayar. La obra tiene antecedentes notables: La montaña mágica, de Thomas Mann; Los adioses, de Juan Carlos Onetti; y en especial la muy recomendable Perorata del apestado, de Gesualdo Bufalino.
sin plumas
comentarios de libros por iván thays
Datos personales
Escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirige el programa literario de TV Vano Oficio. ha sido elegido como uno de los esccritores latinoamericanos más importantes menores de 39 años por el Hay Festival, organizador del Bogotá39.
6/21/2007
5/17/2007
La fortuna de Matilde Turpin
Alvaro Pombo
Planeta, Madrid. 2006
LAZOS FAMILIARES
El comienzo de Anna Karanina afirma célebremente que mientras las familias felices son iguales, las desgraciadas los son cada una a su modo. Pero en algunas familias no resulta fácil reconocer el límite entre la felicidad y la desgracia. Vista desde lejos, por ejemplo, la de Matilde Turpin podría parecer feliz y próspera, con hijos encaminados, una casa de campo idílica en el Asubio, una carrera prominente en el mundo de las finanzas de ella, reconocimiento intelectual de su esposo filósofo Juan Campos, y mucho dinero para condimentar todo esto. Pero la muerte de Matilde trasluce la fragilidad de esa aparente perfección. Juan Campos decide recluirse en la casa campestre junto a dos empleados que son también amigos inseparables del matrimonio: Antonio y Emilia. Ahí recibe además la visita de uno de sus hijos, Fernandito (cabalgando su espectacular Porsche Boxster negro) de quien pronto sabremos que tiene un gran resentimiento contra su padre y esconde mal su homosexualidad (y su amor imposible por un amigo que tiene en el campo desde niño, Emeterio). También llegará otro hermano, Jacobo, y su guapa y joven esposa Angélica, quien tendrá un rol activo en el desenlace. La fortuna de Matilde Turpin, ganadora del último premio Planeta, mantiene el tono introspectivo y reflexivo de las anteriores novelas de Alvaro Pombo, aunque sin la densidad que caracteriza sus novelas más célebres. Afinado con los personajes femeninos, Pombo hace de Matilde Turpin no solo la columna vertebral de la familia sino el engranaje que permitía funcionar a todos los personajes sin estrellarse. Una vez desaparecida (convertida en un “peso inmaterial pero que oprime” p. 331), los lazos dejan de funcionar, y los individuos que compartían el abrazo familiar del Asubio se descomponen y llenan las páginas con largos silencios disfrazados de reflexiones, de secretos y de una visceral incapacidad para afrontar la vida sin de Matilde. La novela privilegia los desplazamientos internos de los protagonistas antes que las acciones, por lo que la lectura puede parecer tediosa para quienes no han leído novelas anteriores de Pombo (un autor fetiche en el catálogo de la exigente Anagrama antes de ganar inusualmente este premio), incluyendo algunas descripciones crípticas –tan afines al autor- como aquella que anuncia que la lluvia cierra la casa “como una lengua extranjera (p. 60) Así, entre los delirios de su mejor amiga y servidora Emilia (que parece más huérfana que los mismos hijos), los rencores de Antonio y Fernandito, el desprecio de Jacobo y lo pusilánime que resulta ser el Juan Campos cuando debe resolver los problemas cotidianos, las acciones de la novela se van desenredando con lentitud pero fatalmente hacia un desenlace que podemos calificar de imprevisto porque, justamente, no hay dos familias desgraciadas iguales y la de Matilde Turpin lo es muy a su manera.
Asesinato en la Gran Ciudad del Cuzco
Luis Nieto Degregori
Norma: Lima, 2007
CRIOLLOS VS. PENINSULARES
Esta nueva novela del narrador cuzqueño Luis Nieto Degregori tiene como escenario a Cuzco de principios del siglo XVIII, un corregimiento codiciado por muchos españoles buscapleitos que buscan forrarse de dinero fácil y rápido, para luego enterarse de que la política en dicha ciudad gira en torno a un criollo llamado Diego de Esquivel y Navia, y su aún más poderoso sucesor, Diego El Mozo. Este último, y su hijo natural también llamado Diego (a quien se le conoce de niño y luego, ya mayor, convertido en sacerdote), son los protagonistas de una historia que enfrenta constantemente a criollos y peninsulares, teniendo como telón de fondo a los mestizos y los indios, peones (aunque a veces piezas más importantes) en el complejo juego de poder en que unos y otros combaten armados de chismes, fraudes y coimas. La novela se inicia con el descubrimiento de un cadáver en plena ciudad por el entonces niño Diego, y da un salto hasta los últimos años de la vida de Diego el Mozo, su padre, atribulado porque sus enemigos lo han llevado finalmente a un juicio. Como elemento misterioso, una hermosa mestiza que aparece y desaparece constantemente en la vida del joven sacerdote guarda el secreto para arrancarle a éste la venda de los ojos sobre su familia. Paralelamente a esta historia, se cuentan en capítulos alternos algunas de las tropelías de la pelea criollos vs. peninsulares: el amor prohibido entre Diego el Mozo y su amante Leandra; la historia de una lance entre uno de los corregidores del Cuzco y el todopoderoso marqués criollo; las aventuras de un mestizo cuyo odio puso en aprieto a los españoles por un tiempo, llamado El Cartolín. Resulta evidente que Nieto Degregori tenía en sus manos un material histórico que lo seducía y que supo aprovechar para recrear el Cuzco del XVIII con solvencia. Sin embargo, el talento puesto en la recreación del ambiente histórico no va de la mano con el que debió colocar en la trama. El argumento, por ello, resulta opaco y secundario, demasiado disperso, sin que la columna vertebral (el cura Diego que va conociendo poco a poco la verdad sobre su padre) esté bien construida como para sostener un conjunto de anécdotas coloniales. ¿Dónde quedó el autor que en Cuzcco después del amor trabajó con tanta sutileza y detalle las contradicciones sentimentales de su protagonista? Como un Edipo que descubriese la verdad solo en el epílogo, el padre Diego permanece demasiado tiempo a ciegas para ser una persona dramática atractiva. Y eso es, justamente, lo que necesitaba esta novela que, por otra parte, comete algunos errores formales imperdonables en un autor con tantos años en el oficio, como el abuso de frases clisés (“su madre siempre con cara de pocos amigos” p. 61 “y echó a correr calle abajo como alma que lleva el diablo…” p. 31) o las abundantes reiteraciones en las acotaciones de los diálogos (“¡Ah!- exclamó asombrada” p. 67 “¡Daré soltura al preso, pero esto no termina aquí!- se mostró amenazante el corregidor” p. 116).
10/13/2006
Ultima noticia
Luis Jochamowitz,
Aguilar, Lima. 2006
INSTANTES CAPTURADOS
En todos los periódicos del mundo, durante todas las épocas, han existido aquellos “sueltos” que, a manera de relleno, conviven con las noticias importantes y los avisos pagados que sustentan al negocio. Si consideramos cierta la frase “no hay noticia más anacrónica que la que se publicó ayer en el periódico”, ¿qué suerte pueden tener esas líneas sueltas, sin importancia, de interés limitado incluso el mismo día de su publicación? Ninguna, salvo esperar la aparición de un periodista que, con instinto de “cazador de instantes” se dé cuenta de que si los periódicos pasados tienen algún valor son por mantener en aquellos “sueltos” de edición la mejor representación de la vida en medio de un objeto tan inverosímil como un diario. Luis Jochamowitz ha demostrado en Última noticia ser un cazador infalible, un arqueólogo que transita en hemerotecas o un entomólogo cuyos insectos (que coge con pinzas y expone a la luz) son esas noticias que se publican al margen: notas de interés social, cartas de lectores, cables extraviados, curiosidades o necrologías. Me parece que estas comparaciones –con un arqueólogo o un entomólogo- son más fieles con el espíritu que anima Ultima noticia antes que la de “desenterrador” que he leído recientemente. Dudo que en el autor exista un intento de exhumación o, peor aún, de convertirse en el doctor Frankestein de cables antiguos y olvidados; al contrario, creo que la actitud de Jochamowitz es absolutamente artística, fiel al principio de Nabokov: “en el Arte Superior, como en la ciencia pura, solo importan los detalles”. Así como para un arqueólogo es más importante analizar los detritos alrededor de las grandes excavaciones, porque de ellos pueden deducir cómo era la dieta, las costumbres y el comercio de esas culturas, así la recuperación de estos “sueltos” son el mejor testimonio de la existencia del introspectivo y vulnerable género humano durante esos años que los libros de historia, con sus héroes y hazañas, han soslayado. ¿De qué trata Última noticia? La publicación, resumida o citada, casi siempre escrita a cuatro manos (las del redactor original y las de Jochamowitz), de las noticias sueltas que aparecen en los diarios peruanos a fines del XIX y principios del XX. Son notas de interés comunitario (en una se aconseja no salir a las calles para evitar oír groserías), científico (un astrónomo italiano descubre, sin instrumentos, en una caminata entre Tacna y Colmena la aparición de un fenómeno extraño que luego es confirmado en los observatorios), tecnológico (se describe la primera vez que se usa una aspiradora en el Congreso, llevándose la pelusa recogida a un laboratorio para ser investigada), humorísticos (las aventuras de un Oso aparecido en Tembladera, Cajamarca), y hasta de realismo mágico (qué hacer con las colas que le nacen a algunos humanos). Sobre el estilo, breve, lúcido, con una gran elegancia en la ironía pero, sobre todo, con enorme sabiduría para el buen humor y para dejar implícita su solidaridad con esos personajes que han desaparecido o esas vidas que han quedado impregnadas en las dos o tres líneas que la humanidad, disfrazada de periodistas anónimos, les ha regalado generosamente. Un libro extraordinario.
8/11/2006
Primero estaba el mar
Tomás González
Norma: Bogotá, 2006 (reedición)
MAR CIRCULAR
Aquellos a quienes les gusta encontrar “el secreto mejor guardado de la literatura latinoamericana” tienen en el colombiano Tomás González (actualmente de book tour por Buenos Aires) un autor que podrán disfrutar y leer con intensidad, por lo menos hasta que consigan otro “secreto mejor guardado”. Primero estaba el mar es su primera novela (publicada originalmente en 1983), y aquella con la que logra vencer el prejuicio de que la literatura colombiana es o realismo mágico o sicarios y narcotraficantes. El título proviene de un célebre poema de la mitología Kogui (una cultura precolombina) donde se afirma la existencia de un mar mitológico, que es el origen de todo. La novela se desplaza hacia aquel mar del caribe colombiano, un mar que a medida que avanza la novela se va tornando hostil, negándose a representar el paraíso utópico en que J. y Elena, la pareja protagonista, lo han querido convertir. J. es un sujeto cansado de la vida urbana, “literato, anarquista, izquierdista, negociante, colono, hippie y bohemio” como lo califica el autor, que decide viajar a la costa de Urabá con su segunda mujer para dedicarse a vivir en una finca. Elena, la pareja, se presenta incrédula en todo momento, incapaz de perder algunos de sus privilegios civilizados (la inútil máquina de coser y la reja para hacer de su parcela en la playa un coto privado son algunos signos), aunque tampoco parece añorar demasiado la ciudad. Ella es una mujer indómita, tanto como el mar y los habitantes costeños, por lo que ofrece un combate a pulso en el que, desde luego, la naturaleza termina venciendo y la convierte en la primera víctima (desde el comienzo de la novela se anuncia esa derrota, por cierto, así que lo que leemos es el día a día del deterioro de la relación de los convivientes y del fracaso de la minifaldera e iracunda Elena). Con la llegada del siniestro Octavio, quien se vuelve administrador de la finca ante el avanzado estado alcohólico de J. y su cabalgante dejadez, la novela abandona el tema del Paraíso Perdido y la épica sentimental y asume un vuelo trágico donde la violencia es el principal ingrediente. Octavio es una amenazante fuerza instintiva, brutal, agresiva pero al mismo tiempo misteriosa, de pocas palabras, que ha aprendido a convivir con la naturaleza y sabe imponerse sobre aquellos que, como los protagonistas, son solo ilusos o improvisados “hacendados” que ven en el mar y sus costas una fuente de riqueza o de sosiego, pero no el ser mitológico que es. Es muy revelador que Tomás González haya declarado que esta novela le sirvió como expiación del dolor que sintió por el asesinato de su hermano en circunstancias similares. Así, el final de la novela es una metáfora narrada con absoluta sobriedad, con estoicismo incluso, que muestra la vida como un árbol frente al mar y de frutos deliciosos, mangos dorados que solo se pueden saborear si entendemos que en el ciclo de la vida nacimiento y muerte están profundamente hermanados.
7/18/2006
Muerte súbita
Phillip Butters
Aguilar: Lima. 2006
OFF SIDE
Phillip Butters es un conocido comentarista de fútbol por televisión, polémico como todos los suicidas que se atreven a tomar la voz protagónica en un tema en el que todo el mundo cree tener derecho a opinar. Ahora, producto de esos años relacionado al mundo del fútbol profesional peruano, publica una novela titulada Muerte súbita que promete, en su aparatoso subtítulo, contar “La historia que los hinchas no conocen”. ¿Y de qué trata esa historia “secreta”? De jugadores exitosos que se inmiscuyen con vedettes o que le son infieles a sus novias de barrio cuando la fama y el dinero les permite comprar autos y pagar discotecas de lujo. De dirigentes que cobran y ofrecen coimas, de árbitros que las reciben, de agentes futbolísticos que se traicionan entre ellos, de periodistas mermeleros, de ampays a borracheras con futbolistas que se escapan de las concentraciones, del arribismo de algunos y el mutis de familiares y amigos modestos cuando un chico de 17 años empieza a conseguir lo que jamás imaginó. ¿Es todo eso, o por lo menos algo de ello, lo que el “hincha” no conoce? Todo lo contrario: lamentablemente, es eso casi lo único sobre lo que el hincha lee en periódicos deportivos (o del espectáculo) o programas de televisión. Lo realmente significativo y sorprendente hubiese sido que Butters aporte pruebas para respaldar todas esas afirmaciones. Es decir, si hubiera hecho periodismo de investigación o, aún mejor, una crónica novelada a lo Norman Mailer o Truman Capote. Pero eso no ocurrió, por lo que Muerte súbita no deja de ser un compendio de chismes que, en algunos casos, son incluso calumnias, cuando brinda todos los datos para que se identifique al “modelo” que influyó en la ficción, pero se abstiene de colocar nombres y apellidos auténticos para evadir la responsabilidad judicial. Una lástima porque Butters es un hombre de opiniones contundentes del que se esperaba más, y porque el fútbol es un deporte que puede brindar varias tramas aprovechables narrativamente, algunas de las cuales se esbozan en Muerte súbita. Por ejemplo, el tema de las vidas paralelas: el ascenso y caída del futbolista de barrio Soriano, a quien el mismo Zidane llamó “El Generalito” (¿?), por ejemplo, y su contrapartida con la suerte del crack de barrio pituco, el bombardero Sergio, su contrato millonario en el Ajax de Holanda y su drama doméstico por culpa de la cabeza caliente y la súbita fama. Otra trama no aprovechada es la del periodista poco telegénico, petulante y bocón, pero que se considera insobornable, de un canal de cable (no es difícil saber en quién está inspirado), quien es víctima de un grupo desestabilizador que le ofrece información comprometedora sobre la corrupción del fútbol peruano a cambio de algunos encargos políticos. El título, la carátula y esas historias asomadas débilmente prometían una novela policial atractiva, provocadora, que no se dio. Lástima que en su debut literario Phillip Butters haya quedado, por la ingenuidad con que subestimó el poder de la ficción, fuera de juego.
6/09/2006
Abril Rojo
Santiago Roncagliolo
Alfaguara: Madrid. 2006
AYACUCHO THRILLER
Luego de ganar el premio Alfaguara, Santiago Roncagliolo declaró que su intención fue escribir un thriller situado en los años posteriores a la caída de Sendero Luminoso. Si ésa era la intención, eso es lo que ha conseguido: la novela mantiene una intriga dosificada con destreza capítulo por capítulo; presenta crímenes horrendos (aunque nunca peores que los de la realidad); un escenario oclusivo como la semana santa en Ayacucho, donde se une el sincretismo religioso con la violencia política; personajes estereotipados (el Policía, el Militar, la Chica misteriosa, el Terrorista, el Campesino, el Cura) pero que resultan perfectos sospechosos, empezando por el protagónico fiscal Chacaltana y su hitchcockiana relación edípica con el espectro de su madre. Desde luego, las declaraciones de un autor sobre su propia obra siempre deben ser tomadas con pinzas. Que se haya propuesto escribir una obra en un género tan restringido como los thriller no impide que se le pueda exigir a la novela que logre dar una “vuelta de tuerca”, como lo han conseguido obras que Santiago ha citado como influencia, desde la novela Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi hasta los comics de Alan Moore. Curiosamente, Roncagliolo consigue salir airoso en lo más complicado y resulta vulnerable en lo que podría resultar más sencillo para alguien con su experiencia. Con notable audacia, sabe condensar en el argumento variables tan complejas como la leyenda de Inkarri, las siempre tétricas alegorías cristianas, el incierto momento político del post-terrorismo y la violencia anárquica que dejaron esos años de sálvese-quien-pueda. Gracias a ese rompecabezas bien armado puede recrear el clima opresivo e inestable de aquellos años, cumpliendo con lo que anuncia el título Abril rojo. Pero en la cuenta de pendientes sumo: las cartas de pésima ortografía, un elemento interesante del inicio pero que no cristaliza ni es funcional para la solución del caso; el vicio de guionista que lo impulsa a redactar frases hollywoodenses que teatralizan y rebajan esa atmósfera angustiante y verosímil que he alabado con entusiasmo (ante la pregunta concreta del fiscal, interrogando al forense sobre dónde puede incinerarse un cadáver, éste responde, como anticipando un cameo con Dennis Hooper: “en el infierno”); la metamorfosis del protagonista, sin un elemento concreto que lo justifique, de timorato fiscal a pistolero audaz y detective con capacidad de deducción; y el desenlace efectista que se contradice con las pistas planteadas a lo largo de la novela (pero no ahondo más en ello para no adelantar el final). Finalmente, recomiendo no pasar por alto dos escenas memorables: la del terrorista suicida visto desde el helicóptero y el relato del inútil Chacaltana en las elecciones presidenciales en un pueblo andino. Donde nacieron esos frutos, ahí hay que cultivar.
3/24/2006
La posibilidad de la isla
Michel Houellebecq
Alfaguara: Buenos Aires, 2005
ALARMISTA ENAMORADO
Daniel 1 es un comediante de stand up –una especie de Leny Bruce pero sin policías detrás- que mediante un cinismo cabalgante, burlas contra lo políticamente correcto (homofobia, xenofobia, intolerancia religiosa) y su negro sentido del humor ha conseguido instalarse como un artista considerado “genial” por la sociedad a la que ofende. Aquí podemos ver, sin duda, un guiño a la fortuna literaria del mismo Houellebecq, el más polémico escritor francés de las últimas décadas y también el más exitoso. Paralelamente, la novela entra en el territorio de la ciencia ficción. Daniel 24 y Daniel 25 son sus clones (ellos prefieren el término “neohumanos”), que miles de años después intercalan comentarios al “relato de vida” redactado a principios del siglo XXI por Daniel 1. El primer Daniel cuenta en su autobiografía la estancia en un balneario español con Isabelle y la mascota Fox, a quienes luego abandona para tener una vida indolente, sin mayores expectativas, hasta conocer a una actriz porno mucho menor que él, Esther, cuya intensidad sexual es tan encendida que divide como un rayo la vida del humorista: el escéptico se ha enamorado como un adolescente. En medio del melodrama que significa perder la cabeza por un cachorrito erótico que vive en el desprejuicio sexual, Daniel va afianzando su relación con una secta religiosa milenarista llamada los Elohimitas (parodia de los “Raelianos”), cuyos postulados entre hippies (la libertad sexual) y cientificistas (la vida eterna a través de la repetición de la cadena de ADN) modifican sustancialmente los últimos años de su vida. Alan Pauls -quien ha calificado a Houellebecq como “depresionista militante”- cita a Baudrillard y a Lipovetsky como parte del equipo de “alarmistas profesionales” en cuyas filas marcha también el espinoso novelista con idéntico éxito mediático. Superada la sorpresa de que un solipcista como Houellebecq hable del amor como salvación y que su personaje describa algunas escenas y escriba poemas bastante cursis, la novela no puede pasarse por alto. Es cierto que Houellebecq es acusado de ser un filósofo de supermarket, y sus novelas, al parecer, están cargadas de frases cínicas empaquetadas al frío y con código de barras. Pero no deberían ser desechadas de cuajo, pues no por exhibicionistas o melodramáticas son menos ciertas y válidas como termómetro de una sociedad consumista, llena de fobias e individualista como el mismo autor. No son pocos los que han reconocido en Houellebecq el mérito de poner sobre el tapete de la literatura francesa el tema social y la discusión de ideas concretas, luego de un largo periodo de experimentación iniciado por el noveau roman. Y si en algo abunda esta novela, además de sexo libre y misticismo cientificista, son ideas discutibles que lo mismo pueden dar pie a artículos brillantes como a charlas de sobremesa. Ud. elige.

